Testimonios

Solís: «Mi primera carta de amor»

(This post is also available in English) Acabo de escribir mi primera carta de amor. La he escrito con el pulso temblón, el corazón al galope y la boca reseca.

Y no porque tema que María lo rechace. ¡No, hombre, si de algo estoy seguro es de que María recibirá la carta con mil amores!

Lo que pasa es que he escrito mi primera carta de amor a los 60 años y cuando llevo nada menos que 35 casado con María. Y conste: no por desamor, por olvido inexplicable u otra peregrina razón.

Es que hasta hace unos días yo no sabía garrapatear una dichosa letra, o siquiera leer un cartelito que dijera “Pe-li-gro”. Si de eso dependía mi vida, ¡allá íbamos de viaje!

Fue la misma María la que me contó que en el pueblo iban a enseñar a leer y escribir, y la que me embulló a matricular, tal vez para que un día yo pudiera escribirle una carta de amor.

Al principio me resistí, claro. ¿A la escuela con 60 años?

A esta edad los sesos están oxidados y la letra ni con sangre entra. Pero tanto me dio María, que al final me decidí. ¡Qué carajo!

Solís Barrero, 60 años, trabajador manual,
Las Piedras, Uruguay.

Versión completa en la: Revista Decisio, n° 19, enero-abril de 2008. Edición especial: Relatos de Personas Adultas en Alfabetización.

 

ENGLISH VERSION:

Solís: “My first love letter”

I have just finished writing my first love letter. I wrote it by hand shaking, my heart racing and my mouth dry.

Not because I’m afraid María will refuse it. No, If I can be sure of something, it is María will accept my letter full of love!

The thing is I have just written my first love letter at the age of 60, and after nothing but 35 years married to María. And I must say: not for lack of love, or because I might have inexplicably forgotten to do so or any other strange reason.

The fact is that a few days ago I just couldn’t write a single word, I couldn’t even read a sign which said “Danger”. If my life depended on that, I would be gone!

It was the same María who told me they would teach people to read and write in the village, and she enrolled me, maybe hoping that one day I could write her a love letter.

At first I resisted, of course. Going to school at the age of 60?

In my age, the brains are oxidized and there is no way I will learn anything. But María insisted so much that I finally decided to go. What the hell!

Solís Barrero, 60 years old, blue-collar worker,
Las Piedras, Uruguay.

Source: Revista Decisio, No. 19, January-April 2008. Special Issue: Stories of Adult People Learning to Read and Write.

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